ON FIRE
AL ROJO VIVO
CAPITULO UNO
Rubina Flores miro su
brilloso Mustang rojo
desde el otro lado del
estacionamiento. La hoja
de papel blanco colocada
abajo del limpiador del
parabrisas ondeaba, y a
ella se le seco la
garganta.
-!Ay, no! !No una
infraccion! -se le
olvido la bolsa de papel
de estraza
llena de fruta que
acababa de comprar en el
"Mercado de Pancho",
aplastandola contra su
pecho. El contenido se
cayo hacia adelante.
Unas fresas maduras y
unos deliciosos duraznos
cayeron sobre sus pies,
rodando y
desparramandose sobre el
pavimento, junto con
todas las
manzanas menos una.
-!Caramba!
Se agacho para recoger
la fruta pero el forro
sedoso de su ajustado
vestido escogio ese
preciso momento para
romperse a lo largo de
la
costura central de atras.
Puso la mano sobre su
muslo, sin poder decidir
como moverse.
-!Ay, ay, ay! ?Y ahora
que? -lentamente se
enderezo.
Su fruta adornaba el
pavimento con manchas de
color, y ella considero
dejarla madurar o
pudrirse ahi mismo, pero
su estomago gruno en
protesta.
Inhalando profundamente,
se agacho cuidadosamente,
recogio la fruta
desparramada y la metio
en la bolsa.
No se atrevia a voltear
a ver al ventanal de la
tienda. ?Y si alguien
la
reconocia? Queria ser
tomada en cuenta como
actriz seria, por el
amor de
Dios. No le convenia una
imagen inmortalizada
para siempre de si misma
con su vestido alzado y
las nalgas al aire,
pepenando fruta en el
estacionamiento de un
mercado.
De existir justicia
alguna en el mundo,
habria un repentino
eclipse solar
para distraer a todo el
mundo. Pero con su
suerte a ultimas fechas,
se
preparo para una
emboscada de paparazzi
quienes se darian gusto
encontrandola en esta
postura.
El sudor perlaba el
escote de su vestido,
escurriendo hacia su
sosten
mientras ella luchaba
por balancear la bolsa
de papel, su bolsa y sus
gafas de sol. El intenso
calor, excepcional para
esta temporada del ano,
hacia que los mechones
de su largo cabello se
pegaran contra su cuello.
Trato de ignorar la
humeda sensacion que eso
le provocaba, y se dio
prisa
para dar fin al
espectaculo que estaba
dando gratuitamente.
La casa de la playa
parecia muy lejos.
Lo unico que necesitaba
era el cabello en cola
de caballo, su pies
descalzos en la arena y
una cerveza Lowenbrau en
la mano. Penso en
Enrique, quien exageraba
sus deberes de agente, a
veces preocupandose
como segunda madre. Ella
se conformaria con un
simple vaso de te helado
si el estuviera ahi.
Rubi recogio la ultima
manzana, y se arriesgo a
echar una mirada hacia
el
ventanal. Dio un salto.
Un muchacho larguirucho
estaba parado a menos
de
un metros de distancia
tras de ella, y ella se
pregunto que cuanto
tiempo
habria estado ahi, en
silencio, con los frenos
dentales brillando en
el
sol.
Ella jalo su vestido
hacia abajo y trato de
alisarse el cabello
antes de
darse por vencida.
Calculaba que el
muchacho tendria unos
doce anos.
-Hola, joven. Hace mucho
calor hoy, ?no?
Los ojos del muchacho se
abrieron ampliamente.
-Si, senora -sus pecas
bailaban con cada
aspiracion-. Senorita
Rubi,
?podria molestarla con
su autografo? -dijo el,
extendiendo un guante
de
beisbol y un marcador
negro.
-Una vez sone con jugar
como campo corto para
los Padres. Soy una gran
fanatica ahora. !Bravo,
Padres! -extendio su
bolsa de fruta-. Me
daria
mucho gusto firmar, mi
hijo. Intercambiemos
estos un segundo.
Cuando termino de firmar
el guante,
intercambiaron las cosas
de nuevo. El
abrazo el guante contra
su pecho.
-!Caray! Gracias, !Rubi!
-De nada.
El corrio hacia una
mujer que Rubi no habia
notado, parada cerca de
la
entrada de la tienda.
Otra media docena de
personas estaban justo
adentro, contra el
ventanal, y la saludaron
agitando las manos.
Rubina
devolvio el saludo como
pudo.
No habria podido darse
mas prisa para llegar a
su coche. Sus tacones
chasqueaban sobre el
pavimento al ritmo de
sus blasfemias. Se fijo
de
nuevo en la hoja de
papel blanco, y tuvo
ganas de gritar.
Rojo. Enrique le habia
dicho que destacara y
que hiciera algo
estrafalario si queria
llamar la atencion.
Antes de que pudiera
terminar
la frase, ella habia
pensado en el rojo. Todo
rojo. Eso incluiria un
nuevo coche con el
avance de regalias de su
nueva pelicula en la
cual
desempenaba su primer
papel estelar.
El habia estado
totalmente de acuerdo.
"Ya eres estrella, por
fin", habia machacado el
punto. "Hazlo bien,
Rubi.
Y alivianate al mismo
tiempo. Empieza con ese
coche con que siempre
has
sonado."
Un faro era lo que
parecia--lo que era
ella-- en este pequeno
numerito de
color bermellon que
portaba. El rojo no
estaba funcionando. No
le
convenia otra
infraccion, y sabia que
no era exactamente lo
que tenia en
mente cuando Enrique
hablaba de publicidad.
Cambiando la bolsa al
otro brazo, levanto sus
enormes gafas de sol
para
poder ver mejor la hoja
de papel sobre el
parabrisas. Reajustando
sus
gafas sobre el tabique
de la nariz, respiro
hondo y arrebato el
papel de
su lugar. Se trataba de
un simple volante.
Su alivio fue
instantaneo al leerlo.
Su sonrisa seguramente
se veia
demasiado amplia y boba,
pero no le importaba.
Por esto regrese a San
Diego, penso. La risa
empezo a formarse en la
boca
del estomago, y corrio
por todo su ser,
escapando como grito de
alegria
antes de reirse larga y
fuertemente, apoyandose
contra el coche...la
fruta casi olvidada.
Tienes que
tranquilizarte Rubi. No
todo el mundo
esta conspirando en
contra tuya.
Esta bien, pero ?quien
era responsable de
aterrorizarla al hacer
que el
papel pareciera como
infraccion? Se enderezo
bruscamente, controlando
la
dulce risa que quedaba
en sus labios.
Vio al culpable en el
otro extremo del
estacionamiento,
caminando de
coche en coche, un
monton de papeles en la
mano.
-Ya te agarre -murmuro.
De haber traido
pantalon, se lo habria
subido. Sentia la
necesidad de
desquitarse, y este tipo
estaba en el lugar
equivocado en el
momento
menos apropiado ese dia
No era lo que Marco
Carrillo habia tenido en
mente para su dia de
descanso.
Estacionamientos en
lugar de olas, que
estaban a solo a unos
kilometros de ahi. El
sol de la tarde
calentaba su espalda,
implacablemente
recordandole lo que
habia sacrificado con
tal de darle
publicidad al negocio de
medio tiempo de su
hermano, mientras aquel
trabajaba el segundo
turno en la central de
bomberos.
La temperatura era mas
alta que algunos de los
condenados fuegos
forestales que luchaban
por apagar a mediados
del verano. Le costaba
trabajo seguir enojado
con Luis durante mucho
tiempo. Marco metio
otro
volante bajo otro
limpiabrisas. Luis
trabajaba duro durante
sus dias de
descanso de la central,
resuelto a vivir con
lujos y ayudar a su
madre al
mismo tiempo.
Marco se quito la gorra
descolorida de los
Padres de San Diego,
limpiandose el sudor que
corria por su frente con
un brazo igualmente
sudoroso. Se froto la
incipiente barba de un
dia. Sus cabellos
humedos le
hacian cosquillas en el
cuello, recordandole que
le hacia mucha falta un
corte de pelo, otra
tarea que habia
pospuesto.
Mas vale aprovechar el
momento, penso. Metio el
monton de papeles en el
bolsillo de su pantalon
de mezclilla y se quito
la camiseta blanca. La
gorra de los Padres de
San Diego se cayo al
suelo.
-!Carajo!
Medio agachado, se fijo
en unos zapatos rojos de
tacon alto que no
habian
estado ahi un momento
antes. Los zapatos
estaban pegados a unas
de las
piernas bronceadas mas
sensuales que habia
visto en mucho tiempo.
Esperando que no hubiera
sido ilusion, permitio
que su mirada se
detuviera ahi, mientras
alcanzaba su gorra.
Uno de los zapatos rojos
de tacon alto empezo a
tamborilear
impacientemente.
Aleluya, penso el. No
era una ilusion. Era un
sueno hecho realidad, si
el
resto de ella se parecia
en algo a las piernas.
-Disculpe -la voz de
ella se filtro hacia el,
una voz grave al estilo
de
la de Demi Moore que lo
excito.
Se habia muerto y estaba
en el cielo, y si esta
era su angel llegado a
salvarlo, con gusto se
habria ido antes.
Marco se enderezo
lentamente, su mirada
disfrutando cada
centimetro del
exquisito cuerpo de la
desconocida. La cadera
de ella sobresalia un
poquito, un brazo
balanceando la bolsa de
fruta que ahi
descansaba. En la
otra mano, ella tenia
uno de sus volantes.
Tendria que agradecer a
Luis por haberle pedido
que distribuyera los
volantes. Ser 'milusos'
podria tener sus
ventajas, despues de
todo.
-?Senora?
Quedo alelado cuando por
fin la miro a los ojos.
Eran del color dorado
bronceado mas extrano
que el hubiera visto, le
recordaban a los pumas
que
vagan por los bosques de
California. Como si
estuviera hipnotizado,
logro, con gran
dificultad, desviar la
mirada de los ojos de
ella para
observar el resto de su
cara.
Un rayo de luz ilumino
la tez mas suave,
brillante y cremosa, de
color
caramelo, que el jamas
hubiera visto.
Perfeccion. Sus dedos
anhelaban
tocar la mejilla de ella
e imagino la sensacion
de tocar su piel. Tenia
ganas de tocar el
pequeno hoyuelo cerca de
la esquina izquierda de
los
rojos labios de ella.
Dios, ?de donde salio
ella?, penso.
El agarro la visera de
su gorra de beisbol,
casi doblandola en dos
mientras su mirada
seguia las largas
ondulaciones del largo,
brilloso
cabello color caoba de
ella. El cabello de ella
seguia los tirantes del
vestido escotado hasta
tocar la curva superior
de sus senos, que no
podrian ser mas
perfectos.
Hebras sueltas de
cabello estaban pegados
a la piel humeda del
pecho de
ella, formando un diseno
complicado que el queria
grabar permanentemente
en su cerebro.
No era un angel en
absoluto. Se veia
endiabladamente
seductora vestida de
rojo de los pies a la
cabeza, contrastando con
los labios perfectos
formando un mohin de
aburrimiento.
?Aburrimiento?
El se humedecio los
labios, de repente
consciente que el babear
seria muy
impropio.
Ella despejo la
garganta, para decir:
-?Termino?
-Disculpe -dijo el.
Metio la gorra en el
bolsillo de la cadera,
se quito
sus Raybans y los limpio
con su camiseta humeda.
-Demasiado sol. Me
impide hablar y me hace
olvidar la buena
educacion
-metio la camiseta en el
otro bolsillo de su
pantalon y volvio a
ponerse
los lentes-. ?En que
puedo servirle?
Ella senalo el papel
enrollado en su mano y
luego a el.
-Volante interesante
-viendo por sobre sus
lentes, ella hablo
lentamente-. No sabia si
debiera agradecerle o
pegarle con un durazno.
-Reacciones extremas.
?Puedo escoger? -el bajo
sus propios lentes para
poder observar el
movimiento de sus labios
rojos sin ser distraido
por
los lentes oscuros-. Yo
preferiria el
agradecimiento--. Se
inclino hacia
ella, olvidando respetar
el espacio de ella,
gozando el aroma mezcla
de
perfume floral y sudor
que emanaba de su
cuerpo.
-?Estoy en peligro
inminente si pregunto
algo indebido o me
muevo
inadecuadamente?
El volante sirvio como
baston entre ellos, y
ella lo sostuvo
firmemente
contra el pecho de el.
-Tengo buen tino.
Lanzadora rapida
estrella de softbol.
Segunda base. No
me tiente.
Ella echo una mirada
dentro de la bolsa, los
duraznos maduros
visibles y
fragantes. Y mortales a
esta distancia, penso
Marco. Agarro un
durazno
antes de que ella
pudiera protestar, y con
facilidad lo lanzo de
mano a
mano.
-Equipo colegial de la
Universidad del Sur de
California, seleccionado
en
la segunda ronda de
conscripcion
profesional. Lanzador.
-Esta bien -ella se
encogio de hombros. Con
un golpecito de sus
dedos,
desenrollo el volante
que tenia en la mano-. Y
ahora, el asunto. Estaba
a
punto de decir que casi
me provoco un infarto
cuando pense que esto
era
otra infraccion.
-Ah. Problemas con la
ley, ?eh?
Sus logros atleticos
obviamente no la habian
impactado mucho. Tiro
de
nuevo el durazno en la
bolsa, deseando poder
llevarselos a la playa.
Con
un par de cervezas y
langostas entre los dos,
ella le podria contar
la
historia de su vida.
Ella podria traer su
bolsa de fruta... con
un
demonio, podria traer lo
que fuera o
absolutamente nada.
-?Como se que su negocio
es real con un anuncio
como este?
-?Cree que estaria aqui
en el pavimento en un
dia como hoy si no
fuera
cosa de trabajo?
Pienselo bien.
-?Que tipo de
referencias tiene? ?O
tiene un numero 900 para
llamadas de
los posibles clientes?
-ella empezo a
tamborilear de nuevo con
el pie.
Esta vez a el no le cayo
en gracia.
-?De que esta hablando?
-logro decir.
-Y otra cosa... esta un
poco viejo para estar
haciendo esto, ?no cree?
-!Ah, que discreta!,
?no?
-Tan discreta como sus
habilidades de
observacion.
-Punto concedido,
senora. Mis disculpas si
la he ofendido -haciendo
una
reverencia exagerada,
acerco su cara a escasos
centimetros de la de
ella-. Nada mas me
parecio conocida.
Ella sonrio. El cuerpo
de el se tenso. Era una
locura. Si ella podia
afectarlo asi con una
simple sonrisa, entonces
era muy peligrosa.
-?Cree?
El penso detectar un
poco de esperanza en su
aliento con olor a
chocolate. Casi gimio,
deseando saborearlo,
aunque jamas hubiera
sido
fanatico del chocolate
antes. Se enderezo, el
aroma de fresas y
duraznos
desatando el resto de
sus sentidos.
-?Nos hemos visto antes?
?Frecuenta el Fidel?
-?Que es el Fidel? -dijo
ella, la sonrisa
desvaneciendose de sus
labios.
-Una cantina en la Playa
de Solana.
La sonrisa de ella
desaparecio por
completo.
-Deberia mejorar sus
tacticas de ligue,
amigo. Estas estan
pasadas de
moda y no hacen mucho
para agradar al ego de
la mujer. El buen
aspecto
fisico tiene que tener
algun respaldo... como
el arte de la
conversacion... ?no
cree? -ella empezo a
voltearse.
-Caray, querida, usted
necesita una buena
zambullida en el mar.
Parece
que el calor distorsiona
su percepcion de las
cosas.
-?Ah, si? ?Y como debo
analizar sus tacticas?
Marco saco la camiseta
de su bolsillo trasero,
desconcertado por su
propia imagen de ella en
la playa, o en cualquier
parte menos aqui.
-No hay nada que
analizar. Me parecio
conocida y se acabo -se
tensaron
sus hombros, y trato de
tensar los biceps antes
de ponerse la camiseta,
pero sus musculos
fatigados y carentes de
sueno se negaron a
responder.
Se la puso sobre la
cabeza.
Haber trabajado tiempo
extra en el tercer turno
y andarse agachando a
los
cofres de los coches
toda la manana estaba
deteriorando tanto su
cuerpo
como su sentido del
humor. Tenia que irse
antes de decir algo de
lo cual
podria arrepentirse
despues.
-Vamos al grano,
Escarlata. ?Hay en ese
maldito volante alguna
oferta que
no puede resistir?
-Ahora que lo menciona,
acabo de comprar una
casa que necesita unas
reparaciones menores
-dijo, soplando un poco
de aire hacia arriba,
su
fleco abanicando antes
de acomodarse suavemente
en su lugar-. Asi que
cual es usted...
?Alvarado o Carrillo?
-Dejeme ver antes de
incriminarme.
-?Que no sabe? Son sus
volantes. Medio
ingeniosos e...
intrigantes, diria
yo. Cuando le vi con ese
pantalon y camiseta me
pregunte que si no
seria
demasiado joven como
para cumplir con sus...
promesas.
Ella extendio el brazo
para darle el volante,
su hoyuelo
profundizandose
al esforzarse para no
sonreir. Cambio la
postura, moviendo la
bolsa de
fruta a la otra cadera.
El observo alegremente
el movimiento sedoso,
capaz de observarla
durante
horas.
-?Que tal quedo la
fruta? ?Se le dano
alguna pieza alla?
-indico el con
un movimiento de la
cabeza hacia las puertas
del mercado.
Ella abrio la boca
asombrada. -!Vio? !Vio,
sin ofrecer ayuda?
-Lo pense un momento,
pero usted tenia todo
bajo control. Sin
embargo,
creo que le falto una
manzana que corrio abajo
del Suburban.
Ella empezo a sonrojarse
desde la base del cuello
y el rubor rapidamente
subio hacia sus pomulos,
hipnotizandolo. La piel
de ella adquirio un
tono
de cobre pulido. Se veia
ardientemente calida, y
el quiso tocarla,
sentir
el calor de ella
quemando sus dedos.
Ella mascullo a
reganadientes: -!Ay que
hombre! -le arrebato a
el el
papel de la mano, planto
un puno en medio del
pecho de el y lo empujo
hacia atras. Giro y
camino en direccion del
Mustang rojo, murmurando
sin
parar.
El corrio tras de ella.
-!Espere! Disculpeme. No
pude leer su volante.
Ella hizo bola el
volante con una mano y
lo avento a los pies de
el sin
verlo y sin perder el
paso.
Agacharse de nuevo para
recogerlo, le podria
provocar un infarto.
Respiro
hondo, cerro los ojos y
lo recogio con un solo
movimiento.
-Espere. Permitame un
minuto. Senorita,
senorita...
-Flores -dijo ella,
deteniendose y volteando
para enfrentarlo..
-Perfecto. Senorita
Flores. No quise
ofenderla -el levanto
las manos en
son de rendicion
fingida, se quito las
gafas y las colgo del
cuello de su
camiseta-. ?No aguanta
una broma?
-Hoy, no -ella empezo a
girar hacia atras, sin
dejar de mascullar
rapida
y colericamente.
El se rio a pesar de si
mismo.
-Suena como Ricky
Ricardo despues de uno
de los fiascos de Lucy.
El se forzo a contener
la risa cuando se dio
cuenta que a ella no le
habia caido en gracia.
Si no fuera porque traia
las manos ocupadas, ella
probablemente habria
cruzado los brazos para
mirarlo furiosamente. El
se tapo la boca
tratando
de controlar el ataque
de risa, pero recordando
el ultimo episodio de
Lucy que habia visto le
estaba costando trabajo.
Ella se quito las gafas
y lo miro directamente a
los ojos, hasta que el
estuvo seguro que se le
iba a parar el corazon.
Luego sonrio.
-Un fanatico de Lucy.
Asi que no puede ser del
todo malo. ?Vio el
programa de anoche?
Con eso, los dos se
rieron. Lucy habia usado
sartenes y ollas de
cocina
como ropa exterior
antibalas cuando, por
alguna razon ridicula,
habia
pensado que Ricky estaba
tratando de matarla. "Es
dificil pegarle a un
blanco movedizo," habia
dicho Lucy.
Marco miro a la mujer...
a la senorita flores...
detenidamente. La risa
de ella lo lleno de
calor. Era verdad, debia
algo de eso a Lucy,
pero
queria tener la
oportunidad de hacer
reir mas a la senorita
Flores, no
queriendo que pasara esa
sensacion. Lentamente,
dejaron de reir.
El trago saliva y sonrio
ampliamente.
-Le voy a hacer una
proposicion.
Ella dio un paso hacia
atras, y levanto una
ceja oscura en arco
perfecto.
-Proposicion -dijo,
senalando al volante-.
Es exactamente a lo que
suena
esto.
El aliso el arrugado
volante. Leyo las
palabras moviendo la
boca
silenciosamente,
sintiendo que le subia
el calor a la cara.
"Milusos a su
servicio. Ningun trabajo
es demasiado pequeno.
Ningun trabajo es
demasiado grande.
Haremos todo lo que su
marido no haga.
Satisfaccion
completamente
garantizada. Llame a
Felipe Alvarado o Luis
Carrillo para
presupuestos gratuitos."
Los numeros telefonicos
estaban listados bajo
cada nombre.
?Cuando carajos habia
cambiado Luis sus
volantes?
-Creo que de verdad esta
usted ruborizado,
senor...
-Carrillo -murmuro.
-Carrillo -repitio ella,
y sonrio.
Ese hoyuelo seria su
caida tarde o temprano.
El despejo la garganta,
mas
fuertemente de lo que
habia querido.
-Senorita Flores, no
puedo perder a ningun
cliente potencial. Mi
...este... socio me
mataria. Simplemente iba
a ofrecerle servicios
durante un dia, sin
costo alguno, para
mostrar mi buena
voluntad.
-Servicios, ?eh?
-Somos los mejores en...
reparaciones domesticas
-doblo el papel y se lo
entrego de nuevo a ella,
sin soltarlo cuando ella
lo agarro-. Llamenos.
Cuando guste. Aqui tiene
usted el numero.
El hizo una pausa,
frotandose el menton.
-?Tiene usted una pluma?
Le dare mi numero
privado. A mi socio
podria no
agradarle mucho la
oferta que le acabo de
hacer. El anuncio puede
funcionar, y podremos
estar inundados con las
llamadas.
-Si, estoy segura que
estan inundados con
llamadas todos los dias
-dijo
ella secamente, buscando
con una sola mano en su
bolsa. Su cabello caia
hacia adelante y sus
ojos al mirar hacia
abajo hacian que sus
pestanas se
vieran extremadamente
largas. La mente de el
volvio a fantasear con
imagenes lujuriosas.
Ella se enderezo y
extendio una pluma Bic
hacia el. El garabateo
su
nombre sobre el volante.
Levanto la vista, la
pluma en su mano
izquierda en el aire.
?Que demonios
estaba haciendo? Tenia
un turno de cuatro dias
en la estacion de
bomberos
a partir de manana. No
podia salir ni a comer.
Ya podria preocuparse de
eso mas tarde. Ella lo
miro, quitada de la
pena.
El le entrego el
volante.
-Nada mas le pido que no
lo vaya a garabatear
sobre las paredes de
los
banos.
-Caray... y yo que iba a
regresar ahora mismo al
tocador en el mercado
-Rubi le toco el brazo
con el volante-. Y ahora
que lo pienso, me
imagino
que podria conseguir
bastantes trabajos
colocando estos en las
paredes de
los banos publicos.
Cuidado como se
anuncien. Adios.
Ella empezo a alejarse,
su largo cabello
columpiandose cubriendo
el
escote en la espalda de
su vestido; se paro para
buscar algo en la
bolsa.
-Ay, ?senor Carrillo?
El la escucho inhalando
el debil aroma de lo que
quedaba de su perfume.
-?Si?
Ella volteo a darle la
cara y dejo caer un
durazno moteado, picado
con
desperfectos y
despellejandose, sobre
su palma.
-No creo en las cosas
gratuitas. Considere
esto como enganche, y
aceptare
su oferta.