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     Now that she's a movie star , Mexican actress Rubina Flores is convinced she'll never find a man who isn't simply drawn to her fame and fortune. Then she meets hard working Marco Carillo. The full-time firefighter is too busy for movies--and too sexy for his own good. When he moonlights as her handyman, Rubi can't deny the desire that sparks between them. But what will happen when Marco finds out his new flame is really Hollywood's sexiest screen siren?

     Ahora que ella es una estrella de cine, la actriz mexicana Rubina Flores esta convencida de que nunca encontrara a un hombre a quien no solo atraiga su fama y fortuna. Pero entonces conoce al inconsable Marco Carillo. El bombero esta demasiado sexy por su bien. Cuando Miarco le hace unos arreglos en su casa, Rubi no puede ignorar la llama de deseo que se enciende entre los dos. Que pasara cuando Marco se entere de que su nuevo amor es nada menos que una de las mas sensuales sirenas de la pantalla en Hollywood?

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ISBN 0-7860-1029-0
 

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ON FIRE

AL ROJO VIVO

CAPITULO UNO

Rubina Flores miro su brilloso Mustang rojo desde el otro lado del 
estacionamiento. La hoja de papel blanco colocada abajo del limpiador del 
parabrisas ondeaba, y a ella se le seco la garganta.
-!Ay, no! !No una infraccion! -se le olvido la bolsa de papel de estraza 
llena de fruta que acababa de comprar en el "Mercado de Pancho", 
aplastandola contra su pecho. El contenido se cayo hacia adelante.
Unas fresas maduras y unos deliciosos duraznos cayeron sobre sus pies, 
rodando y desparramandose sobre el pavimento, junto con todas las 
manzanas menos una.
-!Caramba!
Se agacho para recoger la fruta pero el forro sedoso de su ajustado 
vestido escogio ese preciso momento para romperse a lo largo de la 
costura central de atras. Puso la mano sobre su muslo, sin poder decidir 
como moverse.
-!Ay, ay, ay! ?Y ahora que? -lentamente se enderezo.
Su fruta adornaba el pavimento con manchas de color, y ella considero 
dejarla madurar o pudrirse ahi mismo, pero su estomago gruno en protesta. 
Inhalando profundamente, se agacho cuidadosamente, recogio la fruta 
desparramada y la metio en la bolsa.
No se atrevia a voltear a ver al ventanal de la tienda. ?Y si alguien la 
reconocia? Queria ser tomada en cuenta como actriz seria, por el amor de 
Dios. No le convenia una imagen inmortalizada para siempre de si misma 
con su vestido alzado y las nalgas al aire, pepenando fruta en el 
estacionamiento de un mercado.
De existir justicia alguna en el mundo, habria un repentino eclipse solar 
para distraer a todo el mundo. Pero con su suerte a ultimas fechas, se 
preparo para una emboscada de paparazzi quienes se darian gusto 
encontrandola en esta postura.
El sudor perlaba el escote de su vestido, escurriendo hacia su sosten 
mientras ella luchaba por balancear la bolsa de papel, su bolsa y sus 
gafas de sol. El intenso calor, excepcional para esta temporada del ano, 
hacia que los mechones de su largo cabello se pegaran contra su cuello. 
Trato de ignorar la humeda sensacion que eso le provocaba, y se dio prisa 
para dar fin al espectaculo que estaba dando gratuitamente.
La casa de la playa parecia muy lejos.
Lo unico que necesitaba era el cabello en cola de caballo, su pies 
descalzos en la arena y una cerveza Lowenbrau en la mano. Penso en 
Enrique, quien exageraba sus deberes de agente, a veces preocupandose 
como segunda madre. Ella se conformaria con un simple vaso de te helado 
si el estuviera ahi.
Rubi recogio la ultima manzana, y se arriesgo a echar una mirada hacia el 
ventanal. Dio un salto. Un muchacho larguirucho estaba parado a menos de 
un metros de distancia tras de ella, y ella se pregunto que cuanto tiempo 
habria estado ahi, en silencio, con los frenos dentales brillando en el 
sol.
Ella jalo su vestido hacia abajo y trato de alisarse el cabello antes de 
darse por vencida. Calculaba que el muchacho tendria unos doce anos. 
-Hola, joven. Hace mucho calor hoy, ?no?
Los ojos del muchacho se abrieron ampliamente.
-Si, senora -sus pecas bailaban con cada aspiracion-. Senorita Rubi, 
?podria molestarla con su autografo? -dijo el, extendiendo un guante de 
beisbol y un marcador negro.
-Una vez sone con jugar como campo corto para los Padres. Soy una gran 
fanatica ahora. !Bravo, Padres! -extendio su bolsa de fruta-. Me daria 
mucho gusto firmar, mi hijo. Intercambiemos estos un segundo.
Cuando termino de firmar el guante, intercambiaron las cosas de nuevo. El 
abrazo el guante contra su pecho. 
-!Caray! Gracias, !Rubi!
-De nada.
El corrio hacia una mujer que Rubi no habia notado, parada cerca de la 
entrada de la tienda. Otra media docena de personas estaban justo 
adentro, contra el ventanal, y la saludaron agitando las manos. Rubina 
devolvio el saludo como pudo.
No habria podido darse mas prisa para llegar a su coche. Sus tacones 
chasqueaban sobre el pavimento al ritmo de sus blasfemias. Se fijo de 
nuevo en la hoja de papel blanco, y tuvo ganas de gritar.
Rojo. Enrique le habia dicho que destacara y que hiciera algo 
estrafalario si queria llamar la atencion. Antes de que pudiera terminar 
la frase, ella habia pensado en el rojo. Todo rojo. Eso incluiria un 
nuevo coche con el avance de regalias de su nueva pelicula en la cual 
desempenaba su primer papel estelar.
El habia estado totalmente de acuerdo.
"Ya eres estrella, por fin", habia machacado el punto. "Hazlo bien, Rubi. 
Y alivianate al mismo tiempo. Empieza con ese coche con que siempre has 
sonado."
Un faro era lo que parecia--lo que era ella-- en este pequeno numerito de 
color bermellon que portaba. El rojo no estaba funcionando. No le 
convenia otra infraccion, y sabia que no era exactamente lo que tenia en 
mente cuando Enrique hablaba de publicidad.
Cambiando la bolsa al otro brazo, levanto sus enormes gafas de sol para 
poder ver mejor la hoja de papel sobre el parabrisas. Reajustando sus 
gafas sobre el tabique de la nariz, respiro hondo y arrebato el papel de 
su lugar. Se trataba de un simple volante.
Su alivio fue instantaneo al leerlo. Su sonrisa seguramente se veia 
demasiado amplia y boba, pero no le importaba.
Por esto regrese a San Diego, penso. La risa empezo a formarse en la boca 
del estomago, y corrio por todo su ser, escapando como grito de alegria 
antes de reirse larga y fuertemente, apoyandose contra el coche...la 
fruta casi olvidada. Tienes que tranquilizarte Rubi. No todo el mundo 
esta conspirando en contra tuya. 
Esta bien, pero ?quien era responsable de aterrorizarla al hacer que el 
papel pareciera como infraccion? Se enderezo bruscamente, controlando la 
dulce risa que quedaba en sus labios.
Vio al culpable en el otro extremo del estacionamiento, caminando de 
coche en coche, un monton de papeles en la mano.
-Ya te agarre -murmuro.
De haber traido pantalon, se lo habria subido. Sentia la necesidad de 
desquitarse, y este tipo estaba en el lugar equivocado en el momento 
menos apropiado ese dia

No era lo que Marco Carrillo habia tenido en mente para su dia de 
descanso. Estacionamientos en lugar de olas, que estaban a solo a unos 
kilometros de ahi. El sol de la tarde calentaba su espalda, 
implacablemente recordandole lo que habia sacrificado con tal de darle 
publicidad al negocio de medio tiempo de su hermano, mientras aquel 
trabajaba el segundo turno en la central de bomberos.
La temperatura era mas alta que algunos de los condenados fuegos 
forestales que luchaban por apagar a mediados del verano. Le costaba 
trabajo seguir enojado con Luis durante mucho tiempo. Marco metio otro 
volante bajo otro limpiabrisas. Luis trabajaba duro durante sus dias de 
descanso de la central, resuelto a vivir con lujos y ayudar a su madre al 
mismo tiempo.
Marco se quito la gorra descolorida de los Padres de San Diego, 
limpiandose el sudor que corria por su frente con un brazo igualmente 
sudoroso. Se froto la incipiente barba de un dia. Sus cabellos humedos le 
hacian cosquillas en el cuello, recordandole que le hacia mucha falta un 
corte de pelo, otra tarea que habia pospuesto.
Mas vale aprovechar el momento, penso. Metio el monton de papeles en el 
bolsillo de su pantalon de mezclilla y se quito la camiseta blanca. La 
gorra de los Padres de San Diego se cayo al suelo.
-!Carajo!
Medio agachado, se fijo en unos zapatos rojos de tacon alto que no habian 
estado ahi un momento antes. Los zapatos estaban pegados a unas de las 
piernas bronceadas mas sensuales que habia visto en mucho tiempo. 
Esperando que no hubiera sido ilusion, permitio que su mirada se 
detuviera ahi, mientras alcanzaba su gorra.
Uno de los zapatos rojos de tacon alto empezo a tamborilear 
impacientemente.
Aleluya, penso el. No era una ilusion. Era un sueno hecho realidad, si el 
resto de ella se parecia en algo a las piernas.
-Disculpe -la voz de ella se filtro hacia el, una voz grave al estilo de 
la de Demi Moore que lo excito.
Se habia muerto y estaba en el cielo, y si esta era su angel llegado a 
salvarlo, con gusto se habria ido antes.
Marco se enderezo lentamente, su mirada disfrutando cada centimetro del 
exquisito cuerpo de la desconocida. La cadera de ella sobresalia un 
poquito, un brazo balanceando la bolsa de fruta que ahi descansaba. En la 
otra mano, ella tenia uno de sus volantes.
Tendria que agradecer a Luis por haberle pedido que distribuyera los 
volantes. Ser 'milusos' podria tener sus ventajas, despues de todo.
-?Senora?
Quedo alelado cuando por fin la miro a los ojos. Eran del color dorado 
bronceado mas extrano que el hubiera visto, le recordaban a los pumas que 
vagan por los bosques de California. Como si estuviera hipnotizado, 
logro, con gran dificultad, desviar la mirada de los ojos de ella para 
observar el resto de su cara.
Un rayo de luz ilumino la tez mas suave, brillante y cremosa, de color 
caramelo, que el jamas hubiera visto. Perfeccion. Sus dedos anhelaban 
tocar la mejilla de ella e imagino la sensacion de tocar su piel. Tenia 
ganas de tocar el pequeno hoyuelo cerca de la esquina izquierda de los 
rojos labios de ella.
Dios, ?de donde salio ella?, penso.
El agarro la visera de su gorra de beisbol, casi doblandola en dos 
mientras su mirada seguia las largas ondulaciones del largo, brilloso 
cabello color caoba de ella. El cabello de ella seguia los tirantes del 
vestido escotado hasta tocar la curva superior de sus senos, que no 
podrian ser mas perfectos.
Hebras sueltas de cabello estaban pegados a la piel humeda del pecho de 
ella, formando un diseno complicado que el queria grabar permanentemente 
en su cerebro.
No era un angel en absoluto. Se veia endiabladamente seductora vestida de 
rojo de los pies a la cabeza, contrastando con los labios perfectos 
formando un mohin de aburrimiento. ?Aburrimiento?
El se humedecio los labios, de repente consciente que el babear seria muy 
impropio.
Ella despejo la garganta, para decir: -?Termino?
-Disculpe -dijo el. Metio la gorra en el bolsillo de la cadera, se quito 
sus Raybans y los limpio con su camiseta humeda. 
-Demasiado sol. Me impide hablar y me hace olvidar la buena educacion 
-metio la camiseta en el otro bolsillo de su pantalon y volvio a ponerse 
los lentes-. ?En que puedo servirle?
Ella senalo el papel enrollado en su mano y luego a el.
-Volante interesante -viendo por sobre sus lentes, ella hablo 
lentamente-. No sabia si debiera agradecerle o pegarle con un durazno.
-Reacciones extremas. ?Puedo escoger? -el bajo sus propios lentes para 
poder observar el movimiento de sus labios rojos sin ser distraido por 
los lentes oscuros-. Yo preferiria el agradecimiento--. Se inclino hacia 
ella, olvidando respetar el espacio de ella, gozando el aroma mezcla de 
perfume floral y sudor que emanaba de su cuerpo.
-?Estoy en peligro inminente si pregunto algo indebido o me muevo 
inadecuadamente?
El volante sirvio como baston entre ellos, y ella lo sostuvo firmemente 
contra el pecho de el.
-Tengo buen tino. Lanzadora rapida estrella de softbol. Segunda base. No 
me tiente.
Ella echo una mirada dentro de la bolsa, los duraznos maduros visibles y 
fragantes. Y mortales a esta distancia, penso Marco. Agarro un durazno 
antes de que ella pudiera protestar, y con facilidad lo lanzo de mano a 
mano. 
-Equipo colegial de la Universidad del Sur de California, seleccionado en 
la segunda ronda de conscripcion profesional. Lanzador.
-Esta bien -ella se encogio de hombros. Con un golpecito de sus dedos, 
desenrollo el volante que tenia en la mano-. Y ahora, el asunto. Estaba a 
punto de decir que casi me provoco un infarto cuando pense que esto era 
otra infraccion.
-Ah. Problemas con la ley, ?eh?
Sus logros atleticos obviamente no la habian impactado mucho. Tiro de 
nuevo el durazno en la bolsa, deseando poder llevarselos a la playa. Con 
un par de cervezas y langostas entre los dos, ella le podria contar la 
historia de su vida. Ella podria traer su bolsa de fruta... con un 
demonio, podria traer lo que fuera o absolutamente nada.
-?Como se que su negocio es real con un anuncio como este?
-?Cree que estaria aqui en el pavimento en un dia como hoy si no fuera 
cosa de trabajo? Pienselo bien.
-?Que tipo de referencias tiene? ?O tiene un numero 900 para llamadas de 
los posibles clientes? -ella empezo a tamborilear de nuevo con el pie. 
Esta vez a el no le cayo en gracia.
-?De que esta hablando? -logro decir.
-Y otra cosa... esta un poco viejo para estar haciendo esto, ?no cree?
-!Ah, que discreta!, ?no?
-Tan discreta como sus habilidades de observacion.
-Punto concedido, senora. Mis disculpas si la he ofendido -haciendo una 
reverencia exagerada, acerco su cara a escasos centimetros de la de 
ella-. Nada mas me parecio conocida.
Ella sonrio. El cuerpo de el se tenso. Era una locura. Si ella podia 
afectarlo asi con una simple sonrisa, entonces era muy peligrosa.
-?Cree?
El penso detectar un poco de esperanza en su aliento con olor a 
chocolate. Casi gimio, deseando saborearlo, aunque jamas hubiera sido 
fanatico del chocolate antes. Se enderezo, el aroma de fresas y duraznos 
desatando el resto de sus sentidos.
-?Nos hemos visto antes? ?Frecuenta el Fidel? 
-?Que es el Fidel? -dijo ella, la sonrisa desvaneciendose de sus labios.
-Una cantina en la Playa de Solana.
La sonrisa de ella desaparecio por completo.
-Deberia mejorar sus tacticas de ligue, amigo. Estas estan pasadas de 
moda y no hacen mucho para agradar al ego de la mujer. El buen aspecto 
fisico tiene que tener algun respaldo... como el arte de la 
conversacion... ?no cree? -ella empezo a voltearse.
-Caray, querida, usted necesita una buena zambullida en el mar. Parece 
que el calor distorsiona su percepcion de las cosas.
-?Ah, si? ?Y como debo analizar sus tacticas?
Marco saco la camiseta de su bolsillo trasero, desconcertado por su 
propia imagen de ella en la playa, o en cualquier parte menos aqui.
-No hay nada que analizar. Me parecio conocida y se acabo -se tensaron 
sus hombros, y trato de tensar los biceps antes de ponerse la camiseta, 
pero sus musculos fatigados y carentes de sueno se negaron a responder. 
Se la puso sobre la cabeza.
Haber trabajado tiempo extra en el tercer turno y andarse agachando a los 
cofres de los coches toda la manana estaba deteriorando tanto su cuerpo 
como su sentido del humor. Tenia que irse antes de decir algo de lo cual 
podria arrepentirse despues.
-Vamos al grano, Escarlata. ?Hay en ese maldito volante alguna oferta que 
no puede resistir?
-Ahora que lo menciona, acabo de comprar una casa que necesita unas 
reparaciones menores -dijo, soplando un poco de aire hacia arriba, su 
fleco abanicando antes de acomodarse suavemente en su lugar-. Asi que 
cual es usted... ?Alvarado o Carrillo?
-Dejeme ver antes de incriminarme.
-?Que no sabe? Son sus volantes. Medio ingeniosos e... intrigantes, diria 
yo. Cuando le vi con ese pantalon y camiseta me pregunte que si no seria 
demasiado joven como para cumplir con sus... promesas.
Ella extendio el brazo para darle el volante, su hoyuelo profundizandose 
al esforzarse para no sonreir. Cambio la postura, moviendo la bolsa de 
fruta a la otra cadera.
El observo alegremente el movimiento sedoso, capaz de observarla durante 
horas.
-?Que tal quedo la fruta? ?Se le dano alguna pieza alla? -indico el con 
un movimiento de la cabeza hacia las puertas del mercado.
Ella abrio la boca asombrada. -!Vio? !Vio, sin ofrecer ayuda?
-Lo pense un momento, pero usted tenia todo bajo control. Sin embargo, 
creo que le falto una manzana que corrio abajo del Suburban.
Ella empezo a sonrojarse desde la base del cuello y el rubor rapidamente 
subio hacia sus pomulos, hipnotizandolo. La piel de ella adquirio un tono 
de cobre pulido. Se veia ardientemente calida, y el quiso tocarla, sentir 
el calor de ella quemando sus dedos.
Ella mascullo a reganadientes: -!Ay que hombre! -le arrebato a el el 
papel de la mano, planto un puno en medio del pecho de el y lo empujo 
hacia atras. Giro y camino en direccion del Mustang rojo, murmurando sin 
parar.
El corrio tras de ella.
-!Espere! Disculpeme. No pude leer su volante.
Ella hizo bola el volante con una mano y lo avento a los pies de el sin 
verlo y sin perder el paso.
Agacharse de nuevo para recogerlo, le podria provocar un infarto. Respiro 
hondo, cerro los ojos y lo recogio con un solo movimiento. 
-Espere. Permitame un minuto. Senorita, senorita...
-Flores -dijo ella, deteniendose y volteando para enfrentarlo..
-Perfecto. Senorita Flores. No quise ofenderla -el levanto las manos en 
son de rendicion fingida, se quito las gafas y las colgo del cuello de su 
camiseta-. ?No aguanta una broma?
-Hoy, no -ella empezo a girar hacia atras, sin dejar de mascullar rapida 
y colericamente.
El se rio a pesar de si mismo.
-Suena como Ricky Ricardo despues de uno de los fiascos de Lucy. 
El se forzo a contener la risa cuando se dio cuenta que a ella no le 
habia caido en gracia.
Si no fuera porque traia las manos ocupadas, ella probablemente habria 
cruzado los brazos para mirarlo furiosamente. El se tapo la boca tratando 
de controlar el ataque de risa, pero recordando el ultimo episodio de 
Lucy que habia visto le estaba costando trabajo.
Ella se quito las gafas y lo miro directamente a los ojos, hasta que el 
estuvo seguro que se le iba a parar el corazon. Luego sonrio.
-Un fanatico de Lucy. Asi que no puede ser del todo malo. ?Vio el 
programa de anoche?
Con eso, los dos se rieron. Lucy habia usado sartenes y ollas de cocina 
como ropa exterior antibalas cuando, por alguna razon ridicula, habia 
pensado que Ricky estaba tratando de matarla. "Es dificil pegarle a un 
blanco movedizo," habia dicho Lucy.
Marco miro a la mujer... a la senorita flores... detenidamente. La risa 
de ella lo lleno de calor. Era verdad, debia algo de eso a Lucy, pero 
queria tener la oportunidad de hacer reir mas a la senorita Flores, no 
queriendo que pasara esa sensacion. Lentamente, dejaron de reir.
El trago saliva y sonrio ampliamente.
-Le voy a hacer una proposicion.
Ella dio un paso hacia atras, y levanto una ceja oscura en arco perfecto.
-Proposicion -dijo, senalando al volante-. Es exactamente a lo que suena 
esto.
El aliso el arrugado volante. Leyo las palabras moviendo la boca 
silenciosamente, sintiendo que le subia el calor a la cara. "Milusos a su 
servicio. Ningun trabajo es demasiado pequeno. Ningun trabajo es 
demasiado grande. Haremos todo lo que su marido no haga. Satisfaccion 
completamente garantizada. Llame a Felipe Alvarado o Luis Carrillo para 
presupuestos gratuitos." Los numeros telefonicos estaban listados bajo 
cada nombre.
?Cuando carajos habia cambiado Luis sus volantes?
-Creo que de verdad esta usted ruborizado, senor...
-Carrillo -murmuro.
-Carrillo -repitio ella, y sonrio.
Ese hoyuelo seria su caida tarde o temprano. El despejo la garganta, mas 
fuertemente de lo que habia querido.
-Senorita Flores, no puedo perder a ningun cliente potencial. Mi 
...este... socio me mataria. Simplemente iba a ofrecerle servicios 
durante un dia, sin costo alguno, para mostrar mi buena voluntad.
-Servicios, ?eh?
-Somos los mejores en... reparaciones domesticas -doblo el papel y se lo 
entrego de nuevo a ella, sin soltarlo cuando ella lo agarro-. Llamenos. 
Cuando guste. Aqui tiene usted el numero.
El hizo una pausa, frotandose el menton.
-?Tiene usted una pluma? Le dare mi numero privado. A mi socio podria no 
agradarle mucho la oferta que le acabo de hacer. El anuncio puede 
funcionar, y podremos estar inundados con las llamadas.
-Si, estoy segura que estan inundados con llamadas todos los dias -dijo 
ella secamente, buscando con una sola mano en su bolsa. Su cabello caia 
hacia adelante y sus ojos al mirar hacia abajo hacian que sus pestanas se 
vieran extremadamente largas. La mente de el volvio a fantasear con 
imagenes lujuriosas.
Ella se enderezo y extendio una pluma Bic hacia el. El garabateo su 
nombre sobre el volante.
Levanto la vista, la pluma en su mano izquierda en el aire. ?Que demonios 
estaba haciendo? Tenia un turno de cuatro dias en la estacion de bomberos 
a partir de manana. No podia salir ni a comer.
Ya podria preocuparse de eso mas tarde. Ella lo miro, quitada de la pena. 
El le entrego el volante.
-Nada mas le pido que no lo vaya a garabatear sobre las paredes de los 
banos.
-Caray... y yo que iba a regresar ahora mismo al tocador en el mercado 
-Rubi le toco el brazo con el volante-. Y ahora que lo pienso, me imagino 
que podria conseguir bastantes trabajos colocando estos en las paredes de 
los banos publicos. Cuidado como se anuncien. Adios.
Ella empezo a alejarse, su largo cabello columpiandose cubriendo el 
escote en la espalda de su vestido; se paro para buscar algo en la bolsa. 
-Ay, ?senor Carrillo?
El la escucho inhalando el debil aroma de lo que quedaba de su perfume.
-?Si?
Ella volteo a darle la cara y dejo caer un durazno moteado, picado con 
desperfectos y despellejandose, sobre su palma.
-No creo en las cosas gratuitas. Considere esto como enganche, y aceptare 
su oferta.

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